La ciencia tras el amor

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Aprovechemos San Valentín para aprender algo más sobre nuestro cuerpo enamorado. ¿Qué ciencia hay detrás del amor? ¿Qué nos ocurre en nuestro cuerpo cuando nos enamoramos? ¿Por qué se nos acelera el corazón, nos sudan las manos o titubeamos delante de la persona que nos gusta? ¿El amor, realmente es ciego? ¿Por qué el chocolate es el sustituto del sexo? O ¿Es cierto que se nos rompe el corazón? Todo esto y mucho más, lo analizamos hoy en Biocuriosidades.

Los 3 signos biológicos del enamoramiento

Existen muchos signos que nos reflejan que estamos enamorados pero podemos explicar estos sentimientos y comportamientos con 3 de ellos.

Descargas neuronales

Existen conexiones en nuestro cerebro que se traducen en una serie de sensaciones como el afecto, la empatía, la amistad y el amor. Se ha estudiado que ante estos sentimientos, se activa una parte específica de nuestro cerebro que se conoce como córtex anterior cingulado. Esta área cerebral se encarga de procesar esas sensaciones y actuar en consecuencia, por ejemplo queriendo abrazar, soñando despierto y recordar a esa persona querida, etc.

Esta área se encarga de procesar la sensación de euforia. Un sentimiento de felicidad enorme que nos inunda puntualmente cuando algo bueno nos está ocurriendo. Durante el amor, al menos la primera fase, estos picos de euforia vienen y van, por eso sentimos ese atontamiento feliz.

Ceguera mental

El amor, ciertamente, tiene algo de ciego. Nos vuelve impulsivos y parece que vamos desbocados. Además, por mucho que nos digan, no queremos escuchar consejos y solo nos guiamos por nuestro corazón. Aunque más bien nos guiamos por nuestro cerebro.

El panel de control del cerebro está localizado en la corteza frontal. Esta zona se encarga del razonamiento, de emitir los juicios de valor y del pensamiento crítico. Este es el área que trabaja cuando intentamos concentrarnos en resolver ecuaciones o cuando pensamos en si algo nos conviene o no. También, para discernir entre lo correcto, incorrecto, real o ficción.

Cuando estamos enamorados, esta área se ensombrece un poco. No es que deje de funcionar pero, gobierna más el córtex anterior cingulado y esta zona frontal le deja actuar sin analizar demasiado el proceso. Es por ello, por lo que sentimos esa cierta ceguera del amor. Esta es la razón por la cual no nos comportamos de manera normal, en muchos casos, con la persona que amamos. Por eso nos volvemos “ñoños” y no pensamos con total claridad. No estamos al 100% razonando lo que hacemos.

Además, el amor incita a darle mucha importancia a los conflictos y situaciones en pareja pero nuestra perspectiva con otros asuntos cambia. Es decir, nos afectan mucho y le damos muchas vueltas a los problemas del amor y le restamos importancia a otros problemas cotidianos. Esto tiene que ver con esta ceguera que nos evita replantearnos otras situaciones.

Torrente químico

También hemos oído millones de veces las expresiones del tipo:

“el amor es pura química”

“La química del amor”

“Hay química entre nosotros”

Y es que el amor, ciertamente, es pura química. Todas las sensaciones amorosas son explicables a nivel hormonal.

Oxitocina

Esta es la llamada hormona del amor. Esta nos hace sentir esa impulsividad y esos sentimientos intensos hacia la otra persona. Nos produce sensación de bienestar y euforia. La oxitocina está muy implicada también durante otros procesos vitales como el orgasmo, el parto y la lactancia.

Durante un orgasmo, especialmente el femenino, se produce una gran oleada a sangre de oxitocina. Nos produce esa sensación de placer momentánea.

Cuando el parto se está ralentizando, para acelerar el alumbramiento del bebé a veces se recurre a la oxitocina para acelerarlo. Durante el parto la oxitocina ayuda a provocar las contracciones uterinas y la dilatación del canal del parto. Por ello, si el parto va lento, una inyección del oxitocina a tiempo promueve una rápida dilatación.

La oxitocina, también provoca el sentimiento de necesidad de querer abrazar y ofrecer nuestro amor. A nivel biológico, la oxitocina se libera en grandes cantidades en la madre cuando escucha el llanto de su bebé. Esto promueve una necesidad ingente de coger a su neonato.

Dopamina

La dopamina nos produce una felicidad menos impulsiva que la oxitocina y más estable. Se libera en situaciones placenteras y produce relajación y bienestar. Es nuestra sensación de recompensa.

La dopamina se libera en grandes cantidades en las personas que tienen una dependencia a una droga mientras la consumen. Por eso se genera adicción. En el momento en que deja de suministrarse, los niveles dopaminérgicos caen y se produce lo que conocemos comúnmente como “mono”. Tu cuerpo te pide recuperar esa sustancia para mantener los niveles de dopamina de nuevo.

Cuando nos enamoramos, los niveles de dopamina también se disparan y por eso nos embriagamos de amor. Tu cerebro siente esa recompensa.

Serotonina

Esta hormona también está implicada en el sentimiento de la felicidad. Cuando caen los niveles de serotonina, podemos enfrentarnos a un trastorno de depresión mayor. La serotonina nos hace sentirnos bien por defecto, en nuestro estado de ánimo.

También influye en la líbido. Cuando hay niveles altos de serotonina disminuye el deseo sexual, mientras que cuando bajan nos aumenta. Como si la falta de serotonina demandara satisfacer esta necesidad.

Estrógenos y testosterona

Las hormonas sexuales están a flor de piel, especialmente durante la pubertad. Estas hormonas desarrollan los caracteres sexuales secundarios durante la adolescencia, por eso es normal esos picos hormonales y esas conductas cambiantes dependientes de sus niveles. Estas hormonas también están muy relacionadas con la atracción sexual. Es por ello, por lo que empezamos a experimentar estas situaciones y curiosidad en esta etapa de la vida. En el resto de etapas seguimos experimentando niveles cambiantes de estas hormonas y nos hacen sentir estas atracciones por nuestro sexo favorito.

Feniletilamina

Esta amina es la culpable de que digamos:

“El chocolate es el sustituto del sexo”

Esta amina se libera en grandes cantidades cuando nos enamoramos y es la que coordina la síntesis de oxitocina y dopamina.

El chocolate es una fuente de feniletilamina y triptófano. Por eso es un buen sustituto del sexo y ayuda a conciliar el sueño. Clic para tuitear

El chocolate, presenta cierta cantidad de feniletilamina y por ello nos produce una sensación temporal de bienestar. No es duradera porque cesa al poco tiempo de consumir chocolate pero algo ayuda. Además, también es rico en triptófano, un aminoácido que ayuda a la síntesis de serotonina (te recuerdo que a más serotina menos deseo sexual, por eso buscamos el chocolate si no tenemos compañero/a sexual). La serotonina, a su vez, interviene en la síntesis de melatonina, una proteína que ayuda a regular el sueño. Esta es la razón por la que se recomienda una onza de chocolate negro antes de dormir.

Durante el enamoramiento, la feniletilamina se va produciendo de manera más constante, por ello los sentimientos son más duraderos que con el consumo de chocolate.

Vasopresina

Se libera en grandes cantidades durante un orgasmo, especialmente en el orgasmo masculino. En el femenino, por el contrario se libera más la oxitocina.

En condiciones fisiológicas, la vasopresina, como su propio nombre indica altera la presión de los vasos sanguíneos. Es la responsable de que en los riñones se reabsorba más agua y se eliminen menos líquidos en la orina. Es la hormona que nos hace ahorrar agua, en resumen.

Cuando bebemos mucho alcohol esta hormona se inhibe, y es por ello por lo que tenemos ganas de orinar constantes. Es paradójico que el alcohol nos deshidrate y cuando lo bebamos no dejemos de ir al baño. Pero es un mecanismo de defensa del cuerpo para eliminar rápido este tóxico por la orina. ¿Y por qué el alcohol nos deshidrata hasta el punto de querer bebernos hasta el agua de los floreros? Porque en el proceso de su detoxificación necesita agua para eliminarse. El alcohol nos roba agua para poder ser eliminado de nuestro cuerpo.

Te bebes hasta el agua de los floreros porque el alcohol te deshidrata. Te contamos más en Biocuriosidades. Clic para tuitear

Cortisol, adrenalina y noradrenalina

El cortisol se libera en grandes cantidades ante situaciones de pánico o alarma. Produce una descarga rápida de azúcar en sangre para prepararnos por si nuestros músculos necesitan ponerse en funcionamiento para huir. Está muy relacionado con los niveles de adrenalina y noradrenalina (también llamadas epinefrina y norepinefrina). Estas hormonas, también se liberan ante un estrés. Hacen parar el aparato digestivo, no necesario en situación de emergencia, acelerar la respiración y el pulso cardíaco y estimulan la liberación de insulina para que el azúcar sea aprovechado.

Estas hormonas son las responsables de que nos pongamos nerviosos cuando nos enamoramos. Esos titubeos ante la persona que queremos, sudoración de manos, dilatación de las pupilas y aumento del ritmo respiratorio y cardíaco se deben a su paseo por nuestro cuerpo.

Los celos

El cortisol también se relaciona con los celos. Esto es debido a que está implicado en sentimientos como el miedo, la culpabilidad, la desconfianza o el estrés. Nos hace agudizar esos miedos en las relaciones.

 

El corázon roto

Ante una ruptura hay un aumento de cortisol y unas bajadas acusadas de oxitocina y dopamina. Por ello sentimos nerviosismo, sentimientos de culpa, frustración y miedo. También nos generan ritmos anormales como taquicardias repentinas y sentimos ese «corazón roto». Esto se acompaña con la tristeza, el duelo y la falta de recompensa por las caídas hormonales.

Los sentidos del amor. ¿Cómo nos enamoramos?

Se han hecho algunos estudios poblacionales y aunque no es una ciencia exacta se han visto algunos datos interesantes:

Los hombres se enamoran más a primera vista, se dejan influir mucho más por los ojos. Es cierto que su pareja sexual le entra mucho por los ojos.

Las mujeres, sin embargo, nos enamoramos mucho por los oídos. Necesitamos ese aporte extra de un sonido de una voz, un comentario interesante o una conversación.

Ambos sexos, nos influye mucho el olfato. Las feromonas, esas sustancias volátiles que emitimos por la piel y el sudor generan atracción sexual. Son las responsables de algunos comportamientos sociales seductores como en las discotecas con las personas que mejor bailan, que liberan una gran cantidad de feromonas. También en los gimnasios, donde emitimos olor corporal.

En cualquier caso, cada persona somos un mundo y eso es lo más precioso del amor. No hay una ciencia exacta ni una manera concreta de conquistar a todas las personas. Unas nos dejamos guiar por unos sentidos más que otros y experimentar es la tecla que da con el éxito. ¡Feliz San Valentín!


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